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  2. ¿Qué es la Catequesis del Buen Pastor? ¿Qué le ofrece a mi hijo? ¿Cómo empezar? Elementos para decidir, orar con mi hijo, escuchar a Dios con mi hijo, cultivar la capacidad de asombro. Apoyamos tus esfuerzos. Empieza donde estés, con lo que tienes.

  3. No esperes: el momento nunca será "perfecto". Empieza donde estás y trabaja con lo que tienes a tu disposición, escucha a Dios con ese niño que está en tu vida hoy. El proveerá mejores herramientas por el camino. Adaptado de ~ George Herbert (1593-1633)

Compromiso
El método de la Parábola PDF Imprimir Correo electrónico

Por Sofía Cavalletti

La Biblia ha vuelto a adquirir en tiempos recientes el lugar que le corresponde en la catequesis.  Yo creo que ahora podemos decir que no hay catequesis que no sea, en gran medida, bíblica.

Esto es ciertamente un elemento en extremo positivo, pero creemos sin embargo que no se ha hecho todo lo que se podría en este campo.  En nuestra opinión, debe existir una afinidad natural entre el contenido y el método, ya que la fuerza de éste último es tal que puede distorsionar al primero, si no hay una correspondencia en naturalidad entre ellos.

Creemos que la catequesis ha reencontrado su contenido bíblico pero no ha reencontrado el método bíblico.  Un cierto tipo de mentalidad “formalista” o “declaradora” muere dificilmente, pero fórmula y definición fallan al abordar el Misterio, y el problema no se resolverá (y acerca de esto debemos ser muy cautelosos) deshaciéndonos de las malas para poder encontrar algunas mejores, son la fórmula y la definición en  si mismas que son un error.  Ellas son, de hecho, métodos que tienden a encapsular o “definir” (como el mismo término lo indica) y por ello limitan lo que es por su propia naturaleza ilimitado.

Si la catequesis ha de ser un apoyo que se ofrece para entrar en contacto con Dios, asimismo debe darse cuenta de su inadecuación, debe renunciar a dar respuestas prefabricadas que se le imponen al que las escucha, cerrando así la puerta a la exploración posterior, y por ello al contacto vivo con la realidad trascendente.

El viejo catecismo, compuesto de definiciones, podría ser comparado con Procrustes, el casero, que tenía muchos huéspedes diferentes, pero las camas eran todas iguales, así que le cortó la cabeza a uno y los pies al otro.  En la Biblia, Dios se vuelve hacia su criatura, el Buen Pastor llama a sus ovejas “por su nombre”.  El texto que mejor ilustra el método bíblico son las parábolas.  Las parábolas son un género literario, y también un método de enseñanza cuya característica más evidente es que propone puntos para la meditación.  Generalmente, la parábola une dos niveles de realidad: un elemento cotidiano que sorpresivamente se yuxtapone con el más alto nivel de la realidad: el Reino de Dios es como la mujer que amasa el pan, un campesino que ara el campo, la más pequeña de las semillas. Al oyente se le pone frente a este hecho que le hace ver hacia una profundidad sin fronteras detrás de la realidad que él vive: perspectivas insospechadas se abren ante el que escucha, y el mundo que lo rodea se vuelve gradualmente transparente, revelando horizontes cada vez más ricos y más amplios.

La parábola nos abre una puerta, pero el caminar por el sendero que parte desde ahí--- eso nos toca a nosotros.  La parábola, sin embargo, no nos abandona en el trayecto, ya que propone dos elementos que nos guían constantemente.  Estos dos elementos son como dos barandales sobre los cuales avanzan nuestra búsqueda y nuestra meditación, evitando que nos perdamos o nos abandonemos a la arbitrariedad.  Más aún, en este sendero cada persona lleva su propio paso, su propio ritmo, un grado de penetración diferente.  Alguno hará una pausa por un rato, atraído por un punto en lo particular, otro será llevado por otra cosa, uno ponderará un aspecto hoy y solamente el día de mañana verá otros.

Por esta razón la parábola se adapta a la catequesis para niños y adultos por igual.  Respeta la capacidad de cada persona y le da los medios a cada persona para tomar de ella lo que más corresponde a sus propias necesidades.  (Cuantas veces los niños nos han sorprendido con su increíble capacidad de percepción.)

Por esta razón la parábola no se explica.  El explicar una parábola es tratarla como una definición, quitarle toda la fuerza que tiene, limitarla a la interpretación que nosotros sugiramos.  Pero, como los antiguos rabinos decían, en el Monte Sinai la Palabra de Dios resonaba en setenta lenguas, y nosotros queremos aislar una nota del concierto e imponerla a todo, para que todos la reciban de la misma manera.  El explicar una parábola es traicionar su naturaleza, faltarle al respeto a su riqueza infinita, la explicación de la parábola es el alfiler que inmoviliza a la mariposa.

Llama la atención lo que Jeremías con su habitual agudeza y  preparación académica ha sido capaz de observar acerca de la explicación de las parábolas del sembrador, el grano de trigo y el darnel, las cuales se encuentran en el Evangelio  (Sn Mateo. 13, 18-23, 36-43).  Al estudiar su idioma ha sido capaz de probar que no corresponde al idioma de Jesucristo sino al idioma de la Iglesia primitiva.  Entonces Jesús no explicó las parábolas.

La catequista debe presentar la parábola e iniciar la meditación en torno a ella con la comunidad, estando bien atenta a no imponer a los demás su forma de entender el texto.  Entonces debe poner muchos “signos de interrogación” en su meditación y no “altos completos.”  El propósito de la meditación comunal es la de plantear preguntas en los presentes, formulándolas más para sí misma que hacia los que escuchan, preguntas que a menudo quedan como tales y esperan una respuesta que vendrá, no sabemos cuándo.  De esta manera, el texto se convierte en una fuente de búsqueda sin fin y así, una maravilla que no termina, una fuente a la cual uno se acerca con veneración, ya que nunca veremos el fondo.

Es un hecho digno de resaltar que Jesús multiplicó las parábolas en temas similares, el Reino de Dios se relaciona con una semilla, la levadura, la perla de gran valía, el tesoro escondido, el banquete, etc… Este hecho pone en evidencia la innegable naturaleza de esa realidad que llamamos el Reino de Dios, y por lo tanto la imposibilidad de que un texto pudiese agotar el contenido.  Solo cuando yuxtaponemos la parábola podremos penetrar gradualmente en esa realidad, debemos contemplarla desde más ángulos para tener éxito en acercarnos a ella.

Es urgente--- en nuestra opinión--- que las parábolas vuelvan a adquirir en la catequesis el lugar que tenían en el predicar de Jesús, el no enseñó más que en parábolas (Sn. Mateo 13,34).  Es urgente por la riqueza de su contenido, Jesús nos ha revelado en parábolas el misterio de su persona y el de su relación con nosotros (el Buen Pastor y la Vid verdadera) nos ha dado a conocer la realidad de su Reino, ha revelado secretos de algunas acciones de Dios, las cuales norman nuestra conducta (los cobradores, los talentos, el amigo insistente, etc.).

Más aún, la catequesis podría volver a aprender, de las parábolas, lo que debiera ser el método de transmisión del Misterio Cristiano.

Nos parece que existe, una afinidad en la naturaleza entre la parábola y el Misterio Cristiano.  La parábola-  constituida como se ha dicho de la relación entre un elemento cotidiano de la existencia con otro trascendental-  se nos presenta “encarnada” y por lo tanto es un instrumento privilegiado en la transmisión del Misterio de la Encarnación.

Sin embargo, la Biblia es Una, y no sólo está “encarnada” cuando la Encarnación llega a su culmen: en Cristo, “hijo de un carpintero” e hijo del Dios vivo.  La Biblia en su totalidad se nos presenta como una mezcla de lo divino con lo humano, por lo tanto la alianza con Abraham, el sacrificio de Isaac, el Éxodo de Egipto son eventos humanos y al mismo tiempo revelaciones de Dios y su eterna voluntad por el Bien.  Si esto es cierto, entonces debemos extrapolar las consecuencias también en el plano de la metodología y recordar entonces que toda la Biblia se resiste al método de fórmulas y definiciones.

Nos enfrentamos a una trampa similar a la de las fórmulas y definiciones cuando nos permitimos extraer del texto un versículo que pudiera ser muy ilustrativo para nosotros, para presentarlo a la audiencia en sustitución del texto completo.  Nos parece que este también es el caso cuando el catequista se interpone entre la Palabra y el destinatario, en tal caso, el catequista no se pone en una posición de quien presta un servicio a la Palabra y a quienes la escuchan, sino que de manera avasalladora impone su experiencia, su encuentro con el texto a los demás.  Tal o cual versículo, fuera de contexto, puede resultar muy preciado para mí, porque para mí tal vez fueron la ocasión de un encuentro vivo con la Palabra de Dios y porque me hacen evocar el texto completo.   Sin embargo el catequista, al proponer versículos aislados a sus escuchas, se reserva el momento álgido del encuentro con la Palabra para sí mismo, y le da a su audiencia el resultado de su elección.  No los pone en condición de tener esa experiencia directa por sí mismos con la Palabra de Dios, y de elegir lo que en particular corresponde a sus necesidades, y que puede ser diferente a lo que dejó huella en el catequista.  Debemos darle a los escuchas los textos completos, de manera que le sea posible establecer un diálogo con ellos, tener un encuentro vivo con ellos.

La tarea del catequista es maravillosa, con la condición de que reconozca sus límites, y sepa como detenerse en el umbral de ese “lugar” en el que el diálogo interior entre el Creador y su criatura ha empezado.  San Agustín, quien fuera un gran maestro, dijo:  “Yo no puedo enseñar” (“Ego numquam possum docere”).

Traducido del Italiano por Patricia Coulter

Fuente:  The Biblical Apostolate VII/4/77

Traducido del Inglés por rmg 2006